“DESPLAZADOS POR DESPLAZADOS - PARADOJA O REALIDAD”

“DESPLAZADOS POR DESPLAZADOS - PARADOJA O REALIDAD”


Si bien el termino de desplazados sugiere a una persona o grupo de personas que han sido obligados a salir de su entorno, por causas externas como, la guerra entre grupos al margen de la ley. Al llegar estos grupos a un territorio, solo dan a las personas el tiempo estrictamente necesario para tomar sus pertenencias; que en algunos casos solo es lo que tienen puesto y a algunos “afortunados”, que les envían un comunicado de advertencia para que abandonen sus tierras so pena de muerte si no cumplen con las exigencias que estos grupos hacen con el fin de ocupar terrenos que cada vez son más extensos.

Las autoridades encargadas de proteger a la población civil como lo ordena la misma constitución política de Colombia; como son el ejército o la policía nacional, son insuficientes cuando los grupos armados al margen de la ley deciden hacer toma de territorios, para sus diferentes y diversos planes de explotación en los mismos, para benéfico propio. A esto le sumamos que en nuestro país aunque suene inverosímil ,hay territorios que no cuentan con ningún tipo de protección por parte del estado que nunca ha hecho presencia en estos lugares; lo que hace de sus habitantes seres vulnerables y expuestos a los cazadores de tierra que no siempre son los grupos armados actuando para su conveniencia, si no que en algunos casos son grupos organizados por terratenientes adinerados, que pagan a estos grupos para desplazar comunidades enteras y  tomar de forma ilegal sus propiedades.

Las familias en busca de lugares seguros y huyendo del sonido de las balas, se refugian en los cascos urbanos de las poblaciones vecinas o de las grandes ciudades; en donde dependen únicamente de la misericordia de sus nuevos vecinos, quienes por actos de caridad o por lastima les brindan lo necesario para su subsistencia. Situación que genera un aumento del desempleo y una explotación salarial, ya que una persona vulnerable puede llegar a trabajar por menos de la mitad de un sueldo mínimo, provocando despidos para los empleados antiguos en las empresas y negocios que tienen más de dos personas laborando. La interpretación de este fenómeno social, nos lleva a concluir que el tema de los desplazados no los toca solamente a ellos, como víctimas de los conflictos armados si no que este fenómeno afecta también a los residentes a donde llegan estos desplazados.
En Bogotá como ciudad capital, este fenómeno ha venido aumentando en los últimos diez años; ya que no solamente los verdaderos desplazados si no también los que asumen de manera fraudulenta este rol para conseguir los beneficios económicos que brindan el distrito y la nación; utilizan la carta de desplazados, en muchos casos cartas fundamentadas en hechos falsos, pero legalmente firmadas por autoridades de sitios bajo la premisa de la buena fe de un real desplazamiento.

Estas falsedades, han generado mafias quienes las ofrecen al mejor postor, cual mercado pueblerino. Ya en posesión de estas cartas quienes hacen parte de estos grupos criminales, se dirigen a las entidades del distrito para tramitar  los auxilios económicos, mercados gratis, bonos y auxilios para vivienda que les son otorgados por su “supuesto” alto grado de vulnerabilidad y es más tienen un estatus de privilegio y están por encima de las personas vulnerables que viven desde su nacimiento en la capital Colombiana; quienes tienen que esperar el turno detrás de los desplazados, comunidad indígena, comunidad afrodescendiente y demás que venga de afuera de Bogotá. Sin tener en cuenta que la población con tradicional asentamiento en la capital, será a corto plazo más vulnerable al constituirse la figura de “desplazados por desplazados”.

Yo como Bogotano de nacimiento, he visto como día a día nuestros suelos poco a poco van siendo invadidos legal o ilegalmente por colonias foráneas; que se van apropiando no solamente de nuestros suelos sino, que también nos desplazan de nuestros empleos de nuestros derechos a obtener un subsidio o simplemente a nuestro derecho de tener una vivienda propia digna.

Todos estos desplazados tienen protección del estado; pero nacen varios interrogantes en relación con este espacio garantista - ¿quién defiende a los desplazados víctimas de los desplazados? - ¿dónde tendrán cabida los desplazados en Bogotá, al termino de diez años más? - ¿será que nuestro alcalde viene de familias desplazadas y de ahí su interés de cambiar nuestras escazas zonas verdes por negras zonas pavimentadas y adornadas con hermosos bolardos que resaltan a la distancia entorpeciendo nuestro andar?  - ¿será que nuestros acueductos, alcantarillados y otros servicios de saneamiento fue diseñado desde nuestros antepasados para recibir las aguas negras de nuestros “supuestos” desplazados? - ¿acaso la capacidad de agua potable no tiene fin como los números naturales, o contamos en algún lugar oculto con tanques de almacenamiento para surtir agua para todos nosotros y nuestros invitados?

Algo habrá que hacerse de manera urgente; ya que en este momento imperan el silencio y algunas veces complicidad, de nuestros gobernantes que no se pronuncian ante este fenómeno que crece y crece sin ningún control; y si no, echemos un vistazo a zonas como la de los barrios Marco Fidel Suarez, San Jorge a Victoria y sectores de bosa donde las comunidades afro se apoderaron de estos territorios y difunden desde allí su inconformismo racial y su propia versión de discriminación, haciéndolos territorios prohibidos y exclusivos para una comunidad afro que no ve con buenos ojos a sus fundadores los bogotanos, que vemos, como poco a poco las diferentes culturas se toman nuestro espacio Bogotano, con la ayuda de las políticas de auxilios para desplazados que a la postre son los causantes directos de la pérdida de identidad de nosotros.

Los pocos Bogotanos que aun vivimos en nuestro Bogotá; y quienes, resignados a esta situación, rechazada de manera silenciosa, sin aceptar que estamos perdiendo lo nuestro tomamos como alternativa, “El deseo de comprar tierras en cercanías a Bogotá para pasar el resto de nuestros años” con la disculpa que es buscando un mejor clima para pasar nuestros últimos días en una finquita con pocas gallinitas y una vaquita y poder descansar. Pero es solo una disculpa mental para no aceptar que la vida en la capital es cada día más difícil, ya que los niveles de inseguridad van aumentando al igual que el desorden administrativo, con ventas ambulantes por doquier, basuras que asoman en las esquinas acompañadas de una carreta y un vendedor de futas o jugos aguados rendidos con “frutiño”.

La falta de pertenencia de nuestros visitantes hace de las calles capitalinas se conviertan en  ríos de papeles y envolturas de distintos productos; que llegan a nuestras débiles redes de alcantarillados impidiendo el curso normal de las aguas lluvias, provocando inundaciones y calamidades públicas ante las cuales las entidades responden  con más auxilios.

Auxilio¡¡, es el que clama nuestra amada ciudad que ve como desaparecen las zonas verdes y los parques cada día más escasos y pequeños, impotentes para luchar contra el deseo de urbanización de los amos del concreto, el ladrillo, la placa y el asfalto que cubren poco a poco nuestra capital, bajo la mirada de nuestros cerros que tampoco se salvan de esta invasión, que nos ahoga día a día. Yo amo a mi ciudad y siento dolor de patria, viendo como los intereses económicos de algunos pocos avaros hacen invisibles los intereses comunes y colectivos, de aquellos que nos sentíamos “orgullosos de ser Bogotanos”, memorias que se ahogan entre lágrimas en el olvido, con pálidos recuerdos y añoranzas como expresiones de lo que se ha ido y no volverá. Mi Bogotá convertida en un arroz atollado por los intereses económicos y personales de nuestros gobernantes “padres de la patria” o “padres de la plata”.

JHON JAER PUENTES
Dirigente Comunal
Participante “Seminario Permanente de Formación y Liderazgo”.

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