OTRO FUTURO ES POSIBLE

(…)Por esos desgraciados que vendrán y que en su estado natural, aun siendo alegres capullos en flor, no tendrán problema alguno cuando tengan que decir que no, si algo les saca de quicio y no respeta su opinión.

Quizás más adelante dejarán su rebeldía a un lado, se adaptarán a todo aquello del trabajo asalariado, la familia, los seguros, las facturas, la casita en un lugar más retirado, hipoteca, deuda, crédito, inversión, serán supremos lameculos de las farsas de los bancos.

Si es de cuerdos o es de locos, no es mi campo, mi comprensión no llega a tanto, para mí lo natural está en luchar contra el poder establecido, contra todas esas normas que ninguno de nosotros ha elegido, para mí lo natural es dedicar algo de tiempo a exterminar la esclavitud a deshilar los intricados mecanismos que nos atan en la mísera actitud de no sudar, no trabajar por la virtud (…)

El cementerio está lleno de cobardes- Paradoxus Luporum

Quizá después de ver el noticiero dominical repleto de muerte, malicia, corrupción y codicia adornado con pomposos comerciales publicitarios que nos invitan al consumo irracional mientras naturalizan patrones sexistas, racistas o depredadores, sintamos tanta pesadez en el corazón que perdamos toda esperanza de cambio, creamos imposible desterrar de una vez por todas las monstruosas fauces del poder absoluto, tal vez con cada líder social exterminado mueran los ánimos de elevar la voz en contra de las injusticias o se llenen de temor aquellos extraños sujetos que anhelan la posibilidad de un cambio efectivo en favor de las personas desamparadas, desprotegidas o hambrientas.

Quizá la rabia e indignación que despiertan tan perversos actos, resulten hundiéndonos en la desesperanza o la depresión absoluta y terminemos por creer como única salida viable una apuesta colectiva por el suicidio o la embriaguez de todas las sociedades; Es posible que en el fondo de aquel triste foso de desesperanza, no advirtamos que esta es la salida más conveniente para esos perversos amos adinerados, quienes tras el teatro parlamentario se ahogan en sangrientas carcajadas repletas de codicia, sentándose en exorbitantes fortunas que no paran de crecer a costa del sudor ajeno, la deforestación, el maltrato, el extractivismo y el ultraje continuado.

Sin embargo, a pesar de tan horrible panorama no puede dejar de sorprendernos la incalculable persistencia de los pueblos milenarios, la resistencia femenina que se empodera en busca de justicia, la gallardía de aquellas personas que han perdido hasta el miedo, las mismas personas que desde barriadas, comunas, veredas, aceras o caminos continúan denunciando la incomprensible voracidad de los poderosos y las violencias estructurales cimentadas en la dominación, aquellas comunidades desfavorecidas que se enfrentan con el pecho descubierto ante perversos gatillos de extracto mafioso, estatal o para-estatal.

Son ellas las que alimentan día y noche el corazón de un mejor mañana, las que no permiten el saqueo y la contaminación de los páramos, las que encadenadas exigen desde hace décadas el derecho universal a educación y salud gratuitas, las que se niegan a abandonar sus territorios ancestrales bajo la excusa del progreso nacional, las que no cesan de exigir una respuesta sobre el paradero de sus familiares, las que denuncian la negligencia y la complicidad estatal en millares de ejecuciones extrajudiciales por beneficios o vacaciones remuneradas, las que buscan restitución de derechos, devolución de tierras, dignidad, memoria, las que anhelan una paz que no se reduce al silencio de los fusiles y una justicia que no se resuelve en los estrados judiciales.

Pero ciertamente aquel mañana luminoso no llegara solo, no caerá del cielo en forma de salvador reencarnado, no se dará de un día para otro, no surgirá espontáneamente en una marcha, un mitin o una toma cultural, no se dará como un noble regalo de las castas dominantes enquistadas en las viejas estructuras estatales, ni tomara forma tan solo a partir los discursos alocados de un joven e inexperto escritor, es necesario construirlo en la cotidianidad social de forma contundente, dejando de lado todo atisbo de derrotista pesimismo, mediante el ejercicio continuo de las propias comunidades que empoderadas pueden derribar desde sus cimientos este detestable mundo injusto, pueden plantear sistemas económicos basados en la sostenibilidad ambiental y la solidaridad por sobre la competencia, pasando de los modelos carbónicos para la muerte a estrategias basadas en la preservación y dignificación de la vida.

Por lo tanto, es necesario dejar de lado la cándida esperanza de que es mediante el poder arbitrario del estado que llegaran las soluciones anheladas, el ya trasnochado sueño asistencialista de los partidos mesiánicos que redistribuyan algún día las riquezas de este mundo y acaben desde elegantes escritorios los problemas estructurales que aquejan a la humanidad, pues es imprescindible comprender la naturaleza del poder que no es otra que la lógica de la dominación a todo nivel, es decir que mientras sobreviva en las mentes de la sociedad el poderío del establecimiento, existirán sujetos dominados y dominantes, explotados y explotadores, amos y siervos.

De modo tal, es urgente advertir que fundamentalmente no es mediante las urnas o la obediencia civil que las sociedades pueden transformarse, entender que los cambios empiezan primordialmente en la conciencia colectiva, en el imaginario social que ha justificado los peores crímenes en nombre de un ilusorio progreso nacional, el mismo que condena a la miserable pobreza a legiones de humanos desnutridos y se glorifica con indicadores de producto interno bruto mientras ignora la rampante desigualdad.

Para alcanzar un ideal de futuro que se sostenga bajo las premisas de la equidad, la libertad y la dignidad humana, las sociedades han de vencer en primera instancia la premisa de que “Alguien tiene que mandar” ya que es allí, en la autoridad y la obediencia que se anida la corrupción del ser y la muerte de toda libertad o justicia; han de cuestionar a cada paso los designios proféticos de carismáticos liderazgos con inmensas ansias de poder, han de comprender que las fronteras nacionales son tan solo un invento que hoy nos hace despreciar a famélicos migrantes que no escogieron nacer donde nacieron, han de comprender que no existe superioridad o inferioridad entre etnias, religiones o géneros, en resumidas cuentas las comunidades del globo deben superar las ideas implantadas durante siglos en cada conciencia a través de las armas o la persuasión, vencer la uniformidad de pensamiento mediante el intercambio diverso de saberes.

Y a pesar de que puedan tildarme como un utópico soñador de imposibles causas, los invito a no olvidar el sentido de crear utopías en las conciencias, ya que lejos de ser un inútil esfuerzo tirado al vacío, resulta ser el germen que al crecer y materializarse va movilizando la historia humana a través del tiempo; les aseguro que no pienso inútilmente que un día toda injusticia social será extirpada cual cancerígeno tumor o que toda contradicción será mágicamente resuelta, pero aun guardo la esperanza en el empoderamiento de los excluidos, en la transformación de los absurdos ideales contemporáneos y en la derrota definitiva de las viejas estructuras que justifican la dominación, la desigualdad, la depredación y la competencia.

David Arturo Sepúlveda Durán.

Subdirector Pedagógico ODCOPAS

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